Familias saludables en Sudán del sur

Mary Natie y Susanna Pail de Kasia nos cuentan cómo las letrinas redujeron los gastos en medicina y trajeron esperanza para que nunca más tengan que enterrar a un niño a causa de diarrea.

Todos en Kasia se emocionaron cuando descubrieron que habían vencido a las otras nueve comunidades al ganar el premio al saneamiento debido a que cada familia poseía una letrina. Pero para Mary Natie, mamá de 8 niños, y su amiga Susanna Paul, quien tiene 3 niños, haber sido declarados un pueblo Sin Defecación al Aire Libre también trajo esperanzas para que nunca más tengan que enterrar a un niño cuya diarrea se volvió letal.

Sin medicamentos y sin dinero para obtener ayuda

El impacto de la defecación al aire libre

Susanna cuenta una historia similar al ver a su bebé Kinaregu consumirse, incapaz de frenar los vómitos y la diarrea. "Estuvo enfermo durante tres días, al cuarto murió", dice. "Sospecho que Anthony se enfermó porque no tenía instalaciones sanitarias. Usábamos un arbusto cercano al hogar para ir al baño, y luego alimentábamos al bebé sin lavarnos las manos. Había muchas moscas afuera, las cuales pueden haber estado en contacto con los residuos que luego contaminaron la comida", dice Mary.

Como muchas madres en Kasia, antes de que el pueblo sea parte del proyecto Enfoque a la Comunidad para un Total Saneamiento en 2012, Mary cuenta que solía gastar la mayor parte de su dinero en medicamentos para los niños. "Son incontables las veces que mis niños tuvieron diarrea. En un mes podía ir a la clínica entre 4 y 5 veces", dice. "Ahora no desperdiciamos el dinero. Compramos sal, ropa o cualquier otra cosa que necesitemos", cuenta.

Ahora hay dinero para acceder a mejores alimentos

Paul dice que el dinero que ahorra se lo da a la familia "algo bueno para comer, como carne", lo cual es bastante caro teniendo en cuenta que "lo bueno arranca en 25 SSP (alrededor de USD7)", el mismo precio que las sales de rehidratación y medicamentos anti-diarréicos que solía comprar constantemente. Pero señala, "con la carne se puede regatear, con los medicamentos no, y los únicos buenos medicamentos están en la ciudad", lo cual puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Con menos tiempo y dinero gastado en el creciente negocio de las enfermedades, todos se alimentan mejor y la asistencia a la escuela crece.

Un futuro en el que todos estén más sanos

"Ahora cultivamos mucho más que antes, porque estamos sanos y nuestros niños también, y ya no necesitamos quedarnos en casa para cuidarlos", dice Mary. "Me sentía tan mal cuando los niños se enfermaban ya que pensaba que podía perderlos". "Ahora mis niños entienden los beneficios de usar letrinas y no se enferman", dice. Sostiene a un bebé sobre su regazo que está entre tomando el pecho y durmiendo, y Susanna se ríe ante la sorpresa de tener un bebé recién nacido tan grande. "Ella es Naboro, tiene tres meses y nunca se ha enfermado. Así es como está ahora".

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